El polvo fino PM2,5 afecta a la salud más que cualquier contaminante. A pesar de éllo, es común en las ciudades y en el interior de viviendas y oficinas.
Son partículas ultrafinas (de 2,5 micras de diámetro o inferior) que constituyen una mezcla de sustancias orgánicas e inorgánicas de todo tipo. Su reducido tamaño les permite llegar a los alvéolos pulmonares.
Además de causar alergias y enfermedades respiratorias, también producen dolencias cardiovasculares y cáncer de pulmón, declarado cancerígeno por la OMS en 2013.
La ciencia ha identificado que exposiciones altas y prolongadas a material particulado fino incrementa la mortalidad a largo plazo de la población, de allí su importancia de mantenerlo a raya.
Las administraciones públicas sólo informan del material particulado de tamaño más grueso PM10 (10 micras) y menos peligroso, pero la presencia de PM2,5 en el exterior es muy común. Sus fuentes principales son:
El material ultrafino procedentes del exterior apenas se deposita después de entrar y puede permanecer en el aire horas o días en el aire interior.
A estas partículas se le añade el polvo procedente del roce de personas con alfombras, moquet, muebles acolchados, textiles y similares.
a situación más grave se produce en oficinas o viviendas que utilicen impresoras láser. En este caso el material particulado es aún más fino, del rango de las nanopartículas, e incluye sustancias que pueden ser muy críticas: metales pesados como níquel, mercurio, plomo o cobre y COV como el benceno.
En el exterior es difícil evitar la exposición a PM2,5, pues las administraciones públicas están reaccionando lentamente para no afectar a la economía.
Se recomienda evitar la actividad física intensa durante los episodios de contaminación y procurar hacerla siempre apartados de las calles más transitadas.
En el interior de la vivienda se recomienda: